Este edificio situado en Saint-Ouen, cerca de París, pasó de imprenta en los años 50 a laboratorio artístico en 2004. En él ahora conviven 9 talleres artísticos y el propio hogar de la arquitecta (aunque actualmente está venta). Aquí todos los rincones han sido aprovechados y convertidos en lugares de inspiración. Se juega con los toques de color, los materiales, las líneas rectas y las curvas y la iluminación (tanto natural como artificial) creando interesantes efectos de luces y sombras.


No existe una separación de espacios al 100% pero todos están perfectamente definidos mediante volúmenes. Volúmenes creados a través de elementos constructivos, paredes móviles que abren y delimitan espacios, y de un mobiliario de carácter arquitectónico que aparece y desaparece. Un ejemplo de dinamismo en el que los espacios se transforman a voluntad en función de las necesidades de cada momento.

Un lugar pensado para la creatividad y la inspiración, con espacios hechos para trabajar en grupo y rincones donde poder meditar en solitario. Un lugar de trabajo diferente que te hace sentir como en casa, ayudando a liberarte y dar rienda suelta a la imaginación. Estar sentado en tu escritorio estirado como un palo deja de ser la única manera trabajar y de pensar, y si lo necesitas puedes ir a tirarte a la red que hace de hamaca gigante, acoplarte en alguna de las comodísimas chaise-longues o buscarte cualquier postura extraña, que creas puede inspirarte, en alguno de los muebles destinados a tal fin. Desde luego que así da gusto ir a la oficina.








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